Quiérete coño, y quiérete bien

 

Como decía Oscar Wilde “El único amor consecuente, fiel, comprensivo, que todo lo perdona, que nunca nos defrauda y nos acompaña hasta la muerte, es el amor propio”.

Querer, querer, querer… Siempre hablamos de querer, siempre buscamos alguien que nos quiera, pero ¿Y nosotros mismos? ¿Nos queremos? ¿Nos queremos de verdad?

Espero que hayáis contestado con un rotundo SÍ a la pregunta anterior, sino mal vamos ya…

Y es que está claro que a todos nos gusta gustar a los demás, sentirnos queridos, sentirnos apreciados de verdad, pero amigos míos antes de eso centrémonos primero en nosotros mismos.

Quiérete de verdad joder, apréciate, mímate, valórate.

Si tú no empiezas a valorarte y a amarte de verdad, y no me vale eso de “me quiero a ratos”, ¡no!, qué quieres, nadie lo hará de la forma en la que de verdad te mereces. En serio, te tienes que hacer respetar, y te lo repito, valórate, que tú, sí tú, vales mucho con tus virtudes y defectos.

Vivimos quejándonos constantemente de aquellas cosas que no nos gustan de nosotros mismos, ya sea sobre nuestro cuerpo o personalidad. Que si mis brazos son demasiado delgados, que si tengo las caderas anchas, que si apenas tengo pelo o que si tengo tripilla…

Nunca nos sentimos satisfechos del todo, vamos, que somos unos malditos quejicas.

Y siento deciros que con esto, probablemente, bueno, yo diría que seguro, lo único que conseguimos es transmitirles lo mismo a los demás. Y no, en realidad eres tú que te estás haciendo el lío y te encuentras imperfecciones de mierda por todas partes, complejos absurdos que en realidad son rasgos que nos definen y nos distinguen del resto.

Lo mismo nos pasa en cualquier tipo de relación. Es decir, cuando no te haces respetar en una relación, y si no te quieres bien a ti mismo, es casi imposible que alguien más lo haga de verdad. Vaya, que transmitirás eso mismo a los demás.

Y sí, sé que alguno estará diciendo… Anda mírale a esta… que fácil escribe sí, pero luego será la primera en…

Pues mira me adelanto y os digo desde ya…

Sé que todavía soy muy joven, sí, pero he tenido muchas experiencias que han ido cambiando mi perspectiva sobre el mundo y sobre mi. Si echo la mirada atrás podría decir que por suerte hace ya muchos años que aprendí a quererme, y cuando digo quererme es quererme de verdad, como soy y a todas horas.

Yo sé que tendré mis defectos, de echo los tengo, como todos, claro, pero creedme que no habrá nadie que me quiera tanto como lo hago yo. Soy feliz, me siento muy orgullosa de mi misma, de quien soy y de lo que he conseguido hasta ahora. Confío tanto en mí que sé que conseguiré todo lo que me proponga.

Y también sé que es eso lo que transmito a los demás, porque me lo han dicho y porque incluso lo veo yo. A algunos les gusta y a otros les fastidia, es así. Pero pues oye, yo me encanto tal como soy y si a ti eso te molesta… pues te comes tu rabia y listo.

Pero bueno, ahora antes de terminar solo quiero que te quede claro una cosa. Y es lo siguiente.

Que hasta que consigas quererte a ti mismo no conocerás la verdadera felicidad, en serio, porque tu felicidad no puede depender de otra persona… sino de ti.

Y si no empiezas a ser feliz por tu propia cuenta, créeme que nadie logrará darte esa felicidad que tanto buscas en tu vida.

Con labios color pasión.

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