Siente miedo…

El miedo… siempre acechando, siempre ahí, intentando colarse sigilosamente en nuestras vidas.

De todas las emociones que aparecen en nuestras vidas el miedo es el más potente… el que más poder tiene para destrozarnos y el que muchas veces se convierte en nuestro peor enemigo. Un poder y una fuerza que nosotros mismos le damos, ojo.

Con esto no quiero decir que sentir miedo sea malo, para nada.

Es más, creo que el miedo es necesario, es una emoción básica como decía Darwin, y tenía toda la razón. Es una emoción más, como la pena, la rabia o la alegría. Y sí, el miedo es necesario, necesario para nuestra supervivencia, para prepararnos ante un peligro, para ser precavidos, para ponernos a prueba y sobre todo para superarnos.

Todo depende del poder que le de uno mismo. Es decir, el miedo nos puede destruir totalmente, sí, pero si lo controlamos y lo gestionamos bien, nos enseña, nos prepara y nos hace crecer como seres humanos, porque sentir miedo nos humaniza, y es así.

Sentir miedo está bien, todos tenemos miedo a algo, y el que diga que no… pues vaya, igual un poco aburrida tu vida, ¿No? …

Tal vez no nos demos cuenta, pero en esta sociedad (por suerte cada vez menos) estamos entrenados para escoger las opciones más seguras, es decir, tirar siempre a lo más fácil. Quedarnos en nuestra zona de confort, sí, esa zona tan famosa en la que nos sentimos seguros y en la que probablemente no estamos del todo a gusto, pero como ya la conocemos… pues nada, ahí nos quedamos.

Y, ¿Por qué?, Pues por miedo, por miedo a lo desconocido, por miedo a arriesgar… porque como dicen: “Más vale malo conocido que bueno por conocer”.

Es como cuando vas por la calle y te encuentras con esa persona que tan mal te cae, y por supuesto, con quien no te da la gana cruzarte. El miedo es ese alguien, ese alguien a quien intentas esquivar, a quien no le quieres ver ni en pintura, pero así no funciona esto.

Ese miedo no va a desaparecer si no haces nada, y no, en este caso la opción no es esquivarlo y pasar a la otra acera, sino echarle ovarios, cojones o lo que quieras  y  actuar. No lo olvides: ¡Actúa!

En serio, si no estas del todo a gusto sal de esa zona de confort, no dejes que el miedo te consuma y te frene. Eres tú mismo quien define tus limites, tú tienes el mando. Arriesga, experimenta… porque aunque te pueda dar miedo, lo que te puedes encontrar ahí fuera te puede dar vida, créeme, mucha vida.

No seas un conformista y lucha contra tus miedos. A veces fracasarás, pero otras muchas veces triunfarás, y al final llegarás a una zona llena de nuevas y maravillosas posibilidades, a la cual llamaremos “la zona mágica”.

Un consejo: Intenta hacer algo que te de miedo cada día.

Con labios color pasión.

 

 

 

 

 

 

 

 

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